"(...) La Pantera Rosa no imita nada, no reproduce nada, pinta el mundo de su color, rosa sobre rosa, ese es su devenir mundo para devenir imperceptible, asignificante, trazar su ruptura, su propia línea de fuga, llevar hasta el final su "evolución aparalela"... Escribir, hacer rizoma, ampliar nuestro territorio por desterritorialización, extender la línea de fuga hasta lograr que englobe todo el plan de consistencia en una máquina abstracta."

"Mil Mesetas" Gilles Deleuze-Félix Guattari. Introducción: Rizoma.




lunes, 1 de octubre de 2007

Artículo: El Graffiti como Moda


* Versión de texto originalmente publicado (como experiencia de inserción) en la Revista Mefistófeles
“Jóvenes, Comunicación y Contracultura” del grupo de grafiteros Mefisto en septiembre de 2006.



El graffiti en Colombia: De antecedentes militantes, siendo un medio de difusión político de grupos insurgentes y expresión del descontento frente a las grandes problemáticas sociales que aún persisten y en las cuales se justificaron los proyectos revolucionarios que dieron origen a los grupos insurgentes; lograba ser representativo de las voces ideológicamente comprometidas, que insertaban en el panorama citadino sus mensajes contra lo establecido. Recientemente ciertos jóvenes de ciudades capitales, sobre todo de Bogotá y Cali, que se agrupan en colectivos para hacer este tipo de trabajos han utilizado el lenguaje del graffiti despojándolo de sus características y perfilándose así casi por oposición. Operando, al parecer, sin tener en cuenta su incidencia en la grave perdida de las posibilidades del graffiti como espacio para la necesitada difusión de discursos alternativos a los hegemónicos. De forma contraria, hoy este medio parece replicar mensajes propios de los medios masivos de comunicación, dejando a los muros callejeros cargados de sentido con esta orientación.

Recuerdo que hace aproximadamente tres años cuando estaban surgiendo los primeros de este nuevo tipo de grupos de graffiteros en Bogotá, las imágenes que uno encontraba en la calle atrapaban la atención, se destacaban de los graffitis comunes al estar hechas en la novedosa técnica del esténcil (se utilizan plantillas y aerosoles), sus detallados diseños e interesantes imágenes enriquecían el paisaje urbano. Hoy, a fuerza de reiteración de estilo, de técnica, de imágenes, de firmas... Este boom del graffiti se ha vuelto monótono, aburrido, predecible, creo que sus imágenes ya son poco atractivas para los transeúntes cotidianos, de vista cansada por tanta polución visual, este tipo de expresiones ya hacen parte de la tediosa rutina callejera. En vez de sobreponerse y estar en contra de los avisos publicitarios cada vez más presentes en el espacio público de las ciudades, lo que logran es sumarse al malestar visual que estos mismos producen. Hoy los muros, están sobre poblados de graffitis de estilo tan barroco que invitan a no ser observados, obligan a evitar la mirada, este manejo de las imágenes propio de esta tendencia que se volvió moda va claramente en contra de la comunicación visual, que justamente tiene como premisa principal la claridad en el mensaje.

La actual profusión del graffiti y la técnica del esténcil en manos de estos grupos de jóvenes que demuestran no tener compromisos ideológicos, ni intereses reflexivos, ni voluntad comunicativa... ha dado como resultado una producción caprichosa e injustificada de imágenes, vaciadas de sentido, inocuas, banales, de estética adolescente, de chistes flojos, de moda. También ha abierto el graffiti a una estetización que lo ha llevado a otros contextos además de la calle, actualmente es utilizado para decorar bares, adornar camisetas y hacer campañas publicitarias. Hoy los graffiteros llegan a pintan muros que publicitan políticas estatales y son pagados por el gobierno (como los trabajos de graffiti callejero hechos por el grupo EXCUSA2 para la Alcaldía Mayor de Bogotá en el marco del programa: “Política Pública de Juventud”), aquí la potencia de la expresión independiente, contracultural y anárquica del graffiti se pierde inevitablemente.

Los grupos del graffiti como moda en nuestro contexto no son anónimos, por el contrario, sus integrantes han dado la cara en ferias comerciales, dan talleres y conferencias, aparecen en la televisión y en revistas; adquirieron fama. También tiene gran presencia en el espacio publico de internet en donde es evidente que comparten una misma estética que a su vez parece imitar expresiones del mismo tipo surgidas en zonas suburbanas de Estados Unidos o Inglaterra. Sus páginas en la red, en algunos casos, sirven como espacio publicitario de productos comerciales impresos con los mismos diseños que usan en las paredes. Su disposición a figurar también sigue la lógica de la moda. Los muros callejeros que estaban disponibles para ser intervenidos se volvieron escenarios privados firmados por los mismos grupos ya reconocidos que con necesidad de expresar pero sin tener claro qué y un cierto ánimo egoísta han impuesto sus imágenes a lo largo de la ciudad, restándole posibilidad de participación en las dinámicas callejeras a otro tipo de graffiti, cartel, o expresión urbana en los pocos lugares disponibles que quedan para ello.

Por muy indiferente que uno sea, por mucho que lo evite, es inevitable atropellarse contra el graffiti asumido como moda. Que desde mi punto de vista ya claramente deja mucho que desear no haber visto ver.